Por: Ámbar Anaid Martínez Quezada
Fotografía: Cortesía http://www.ciudadcapital.com.mx/
Indignarse es actuar, es estar inconforme con lo que los medios ofrecen a la población. Estar indignado es estar cansado, estar harto, y sobretodo, estar dispuesto a cambiar acciones, y conservar esencias. Lo que México necesita hoy no son empleos, no es seguridad, no es dinero, es indignación.
Me gusta escuchar música mientras camino, hace que me sienta segura entre extraños que con una mirada, me hacen dudar acerca de la manera en que veo al mundo. En un instante me encontré rodeada de negocios, si alguien desea gastar su dinero, el centro de la ciudad es el lugar perfecto; ropa, zapatos, bolsas, empanadas, helados, relojes, incienso, todo lo habido y por haber, se encuentra ahí.
Panteón Rococó me acompañaba en la avenida principal, “Pues en un mundo globalizado, la gente pobre no tiene lugar…”, volteé a mí alrededor y encontré el sentido de la canción, muchas personas estaban pidiendo dinero, es curioso que esta gente siempre esté en el suelo. A pesar de todo, parece ser que la gente pobre sí tiene lugar, la calle, el piso.
Siempre que voy al zócalo parezco perdida, hay tantas personas, tantos colores, olores y sonidos, que termino atendiendo a todos y a ninguno. Algo captó mi total atención, carteles en los árboles y en el piso, una manta grande de protesta, y muchos jóvenes alrededor. Decidí acercarme. Dos chavos estaban haciendo un dibujo en el piso con semillas, parecía ser un retrato revolucionario, otro tocaba la guitarra y cantaba, acompañado por una mujer que recitaba un poema antes de iniciar una canción. Vi un stand con dos muchachas, iba caminando hacia él, pero algo me desvió, eran cartulinas cafés pegadas en el suelo con las preguntas: “¿Qué te indigna?”, ”¿Qué cambiarías del país?” También había gises de colores regados por todo el espacio, de manera que quien pasara por ahí pudiera escribir su respuesta. A pesar de que las cartulinas estaban casi llenas, tomé un gis y escribí: “me indigna que las personas pierdan su esencia por causa de las masas controladas”. Al terminar, tomé un tiempo para leer lo que los demás habían escrito, me sentí identificada con todos ellos, aún recuerdo algunos: “la gente que vive en las calles, los muertos por la violencia en el país, los medios de comunicación que controlan a la sociedad, los sueldos de los gobernantes”, sentí como si fueran gritos fuertísimos reduciéndose a palabras escritas.
No esperé más. Me dirigí al stand para pedir información. Una de las chavas me explicó que el movimiento recién comienza en Puebla, la primera marcha fue el 15 de Octubre. Se trata de un grupo manejado por jóvenes en su mayoría, sin interés económico y que no apoya a un partido político. Lo que ellos exigen es que se escuche, se vea y se sienta la indignación de la sociedad que sufre los estragos que las vidas de los poderosos han dejado; cada acto que se hace es de manera pacífica.
“No cerramos calles, abrimos mentes y esperanzas” es el lema de este movimiento. Me alegra que no sean parte de los manifestantes que bloquean avenidas principales, avientan piedras, y con palabras obscenas, exigen al gobierno que cambie algo; no, estas personas parecen hippies revolucionarios, de esos que ya no se veían desde los sesenta, que no esperan que el gobierno haga algo por ellos sino pretenden despertar a la sociedad, hacerles ver la realidad y lograr un cambio por y para el pueblo.
La sociedad se queja de todo lo que está mal en el país, como si con eso fuera a cambiar algo, las palabras pueden tener impacto, pero cuando se complementa con acciones, la fuerza es mucho mayor. La chava que me estaba explicando, me invitó a ser parte del grupo 15-O. Sin dudarlo, acepté.
“Estamos indignados” fue el título del primer folleto emitido por este movimiento. Indignados por la desigualdad social, el descaro de los gobernantes para robar al pueblo, por tener una de las democracias más caras del mundo, la falta de empleo, el aumento del pasaje, gasolina e impuestos. ¿Acaso México no tiene suficiente gente pobre como para indignarse? Basta con salir a la calle y poner atención.
Indignados por la manipulación de los medios de comunicación y la falta de espacios para propuestas alternativas. El mexicano contemporáneo necesita convertirse en un ciudadano crítico que no se conforme con la información ni el entretenimiento que los medios le ofrecen, sino que siempre cuestione la verdad de los sucesos y exija programación digna para seres pensantes. El país demanda personas preparadas con los conocimientos y la voluntad necesaria para crear espacios donde se muestre lo que los monopolios de la comunicación ocultan, donde la gente común se pueda expresar libremente.
“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Estos jóvenes utilizan técnicas creativas para motivar a las personas a que busquen la transparencia y la autenticidad de todo lo que pasa en su país. Un cartel con la imagen de una Coca-Cola, que en lugar de la marca está escrito “Con-ciencia” y la palabra “Tome” al lado de ella, complementada con la frase: “Las libertades no se dan, SE TOMAN”, es un ejemplo de las propuestas que se ofrecen a la población.
Me quedé un rato escuchando las canciones que el joven tocaba en medio de aquella expresión ciudadana. “Que triste vive mi gente, en las casas de cartón…”. Me impactó escuchar esa canción y observar al mismo tiempo a la gente que pasaba por el zócalo. Pareciera que las personas olvidan tomarse un momento para reflexionar, que están tan ocupadas en asuntos personales y tan enajenados por la visión del mundo que los medios masivos les ofrecen, que le restan importancia a la esencia de la vida humana. Olvidan a sus semejantes que carecen de las condiciones necesarias para vivir. Eso es, realmente, algo indignante.
El movimiento 15-O ya existe. La manera de contactar a los encargados también; personas indignadas que quieran formar parte de él escasean. El trabajo para realizar es demasiado, las ideas creativas siguen desarrollándose. “Somos el 99% de la población que está fuera de la élite del poder económico en el país”, el poder debe de estar en la mayoría.
Aquel día fue un día de paseo, un día de descubrimientos, un día de buena música, un día de manifestaciones creativas, fue un día de indignación.












